   Antes que fuese el Tiempo en la medida,
era la Eternidad en el vacío;
y Tú en la Eternidad eras, Dios mío,
ser increpado, Verbo de la vida.

   «¡Sea!» dijiste; y fue de Ti nacida
la Creación cual desatado río;
que, a tanta potestad de su albedrío,
nació la muerte a la existencia unida.

   Ahora dime, Señor, (para que sienta
fecundo mi pesar, y espere en calma
a que se rompa la fatal concordia),

   si este algo del no ser que me atormenta
es mi esencia inmortal, ¡el yo del alma!
que ha de encontrar en Ti misericordia.