   Más precio en este valle y pobre aldea,
términos de mi vida peregrina,
despertar cuando el aura matutina
las copas de los árboles menea;

   y al volver de mi rústica tarea,
hora, en la tarde, cuando el sol declina,
mirar, desde esta fuente cristalina
el humo de mi humilde chimenea,

   que en la rodante máquina lanzado
cruzar como centella por los montes;
pasar como relámpago el poblado;

   robar, en fin, el péndulo un segundo,
y en pos de los finitos horizontes,
sentir la nada al abarcar el mundo.