   Sueños de amor, armónicos sonidos,
gaviotas extraviadas por el cielo,
augurios de esperanza y de consuelo,
hijos del corazón, versos queridos.

   Vosotros sois sobre el cristal tendidos
de murmurante y límpido arroyuelo,
cisnes que leves dirigís el vuelo
por bosques silenciosos y floridos.

   Ecos de mi laud ¡yo os amo tanto!...
Mi pecho al entonaros se contrista.
Os escribo con tinta de mi llanto.

   Tal vez un día os cantará el artista,
y un labio ardiente os prestará su encanto
cuando ni el polvo de mi ser exista.