   En un espeso bosque de cafetos
que el amor eligió para su gruta,
Lesbia se entró por ignorada ruta,
a contar a las hojas sus secretos.

   Como aquel que en delirios siempre inquietos
lleva sus estrella al bien que no disfruta;
al bosque así con precaución astuta,
lleváronme mis pasos indiscretos.

   Mi nombre al repetir su boca hermosa,
quiso libar el néctar bendecido,
y en púrpura tiñó su sien de rosa.

   El bello bosque susurró un gemido
y Lesbia se volvió triste y llorosa...
Y el ruego del amor fue desoído.