   Doble su luz el claro firmamento,
su espuma ricen los extensos mares,
brote la tierra flores a millares,
rico en aromas se dilate el viento:

   Las naciones convóquense al acento
de concordia y amor, y a los altares
lleven, con blancas rosas y azahares,
de férvida piedad el sacro aliento;

   que del Pastor universal sonando
do quien la voz, por el cristiano ansiada,
de la Virgen más pura ensalza el nombre;

   y hoy, a despecho del precito bando,
aplaude el orbe toda Inmaculada
a la que diera un Redentor al hombre.