   De aqueste valle de zozobra y llanto
al Empíreo elevándote, oh María,
tierras y mares bañas de alegría,
y al éter prestas inefable encanto.

   Sírvete el sol de esplendoroso manto,
oriente las estrellas a porfía,
la luna alfombra tu fragante vía
entre nubes de nácar y amaranto.

   Alzan los orbes cántico sonoro
a tu grandeza, augusta Soberana,
hoy de Sión apetecida aurora.

   Lo repite incesante el almo coro,
y con júbilo intenso, al verte ufana,
junto al solio de Dios tu solio adora.