   -«Amemos» piensa a solas el artista-;
«pero ¿es amor aquello a que da el hombre,
sin saber lo que nombra, este alto nombre?
¿He menester siquiera yo que exista

   en la carne mi amor, o que revista
forma carnal, para que el milagroso
acto de creación, por prodigioso
ministerio se cumpla? ¿No es la vista

   el alma de sus ojos en los míos
el fecundo fundirse de su alma
con mi alma palpitante? Cual dos ríos

   en la mar, su mirada con la mía
junta, penetra en la inefable calma
de un mar sin fin de célica armonía...»