   En la noche lunar vuelve a su casa
Leonardo pensativo; en la calleja
vibran los ecos de canción añeja
que el corazón del solitario abrasa

   en recóndito fuego: «Todo pasa
-dice el canto-, cuál fábula o conseja
es esta vida, en la que se refleja
un instante de luz, y sobrepasa

   nuestro entender, sin que jamás sepamos
por qué nacimos, ni hacia dónde vamos:
amemos, pues, mientras amar podemos...»

   Leonardo, triste hasta morir, medita.
Y al alejarse la canción, le grita,
como un reproche una vez más: «Amemos...»