   Cuenta un cuento Leonardo, a los sonidos
de la música: «Contra la lejana
isla del amor de Chipre, hace la insana
tempestad naufragar a los perdidos

   navegantes que, ciegos, y atraídos
por la hermosura de la mar arcana,
son, al tocar en la isla soberana,
por la mar implacable destruidos.

   Los náufragos son tan numerosos,
como es bella la tierra, azul el cielo,
glauca la mar que el sol tranquilo irisa...»

   Callan Vinci y los sones vagorosos.
Sobre el silencio, extiende la modelo
la obscura claridad de su sonrisa.