   Para tu muerta ese rosal envío,
que no es amiga mano ni piadosa
la que al pie de una tumba no se posa
a ofrecer flores al sepulcro frío;

   y en un sitio tan lóbrego y sombrío,
le basta al muerto que en quietud reposa,
el vuelo de una leve mariposa
y unas flores cuajadas de rocío.

   Sembrado ese rosal sobre su fosa,
quizá en aquel lugar llene un vacío,
y al florecer la primavera hermosa

   o al desgranar sus perlas el estío,
le ofrezca más de una fragante rosa
cuajada en llanto del recuerdo mío.