   En tu seno ese niño reclinado
cándidamente en actitud risueña,
parece un ángel que contigo sueña
en un lecho de rosas perfumado.

   Y bebiendo a tu pecho codiciado
el néctar que le brindas halagüeña,
perece un nardo en arrogante peña
del vendaval del mundo resguardado.

   Cede un instante al maternal cariño;
dame esa prenda de tu amor querida
para besarla con paterno anhelo;

   porque besando al candoroso niño,
beso a la madre que le dio la vida,
beso a la esposa que me ha dado el Cielo.