   Las matas de jazmín y de diamela
del jardín de tu patio, aquí transplanto;
porque esas flores que cuidabas tanto,
no verlas junto a ti me desconsuela.

   Aquí al menos mi pecho no recela
de que marchiten su florido encanto;
siempre en la tierra que humedece el llanto
viven las plantas cuando un alma vela.

   Solas en el hogar languidecían,
porque eras tú con tu color y riego,
la ninfa de la fuente, el sol de fuego

   que en sus tallos y vástagos nutrían,
y tendrán nueva savia en tus despojos
cuando estén mustios de llorar mis ojos.