   Tu busto, Dante, que extasiado miro,
la dulce imagen de Beatriz amada
trae a mi recuerdo, para ser cantada
de amor envuelta en caprichoso giro.

   Yo también por tu dama amo y suspiro,
en ella está mi esposa retratada,
y ambas, cual tú, en la celestial morada
encontraron ya juntas su retiro.

   Vuela un gentil espíritu a mi lado
que de invisible claridad me llena
y se queda en mi pecho sepultado.

   Y tú supiste reflejar tu pena,
y en la redes de amor aprisionado
dejar un himno que perdura y suena.