   Hispano ruiseñor de gran terneza;
raudal de inspiración que no se agota;
espíritu de luz que, altivo, flota
en el cielo gentil de la belleza.

   La lira manejó con tal destreza
que no ha de verse para el mundo rota;
y vibrarán los ecos de su nota
donde reine el sentir en su pureza.

   Nos ofrece en «El Cid» un buen diamante;
una perla oriental en su «Granada»,
y en «Tenorio», el aliento de un gigante.

   Como al mundo corona la alborada,
ese ingenio dulcísimo y brillante
¡en vida, vio su frente coronada!