   La noche envuelve con su sombra fría
el claustro, los salones, la portada,
y vacila la lámpara agitada
de la iglesia en su bóveda sombría.

   Como triste presagio de agonía
gime el viento en la lúgubre morada,
y ondulando la yerba desecada
vago rumor entre la noche envía.

   De Felipe segundo, misterioso
se alza el espectro del marmóreo suelo
y vaga en el convento silencioso,

   y se le escucha en infernal desvelo
crujiendo por el claustro pavoroso
la seda de su negro ferrezuelo.