   Cuando era niño, con pavor te oía
en las puertas gemir de mi aposento;
doloroso, tristísimo lamento
de misterioso seres te creía.

   Cuando era joven, tu rumor decía
frases que adivinó mi pensamiento,
y cruzando después el campamento,
«Patria» tu ronca voz me repetía.

   Hoy te siento azotando, en las oscuras
noches, de mi prisión las fuertes rejas;
pero hanme dicho ya mis desventuras

   que eres viento, no más, cuando te quejas,
eres viento si ruges o murmuras,
viento si llegas, viento si te alejas.