   Hoy que el mundo latino te proclama
emperador del Arte; hoy que un senado,
de noble admiración arrebatado,
ciñe a tu frente el lauro de la fama,

   piensa en la humanidad que sufre y clama,
y pon la vista en nuestro pueblo amado
que, roto, escarnecido y desgraciado,
en ti, varón insigne, espera y ama.

   ¡Y hace bien, vive Dios! ¡Ya me parece
que estallan furibundos tus acentos!
¡Ya el mal, amedrentado, se estremece!

   ¡Ya las cuerdas de bronce de tu lira
se transforman en látigos sangrientos!
¡Ya miro arder el hierro de tu ira!