   Sunium extiende la azulada sombra
de su alto promontorio sobre el lecho
de las calladas ondas, y en la cumbre
blanco se eleva de Minerva el templo,

   donde Platón meditabundo entabla
coloquios con las musas del silencio.
De allí descubre los pasmados ojos
todo el golfo del África, y los senos

   de sus risueñas costas, y el enjambre
de sus pequeñas islas que, en el terso
cristal, parecen cual bandada de aves

   fugitivas del África, que el sueño
detuvo allí una noche, y que a otros climas,
tornando el alba, emprenderán su vuelo.