   «El día catorce de este mes corriente
del año del Señor mil ochocientos
diez y nueve, con grandes sentimientos
de la española y extranjera gente,

   murió el señor don Diego de repente,
sin siquiera llevar los Sacramentos,
de lo que todos quedan descontentos,
como puedes creer, lector doliente.

   Malucho andaba ya; pero no tanto
que no blandiere el gran Cristobalino,
y no hechizase su apolíneo canto;

   murió a manos de duendes: peregrino,
si algo alcanzas en versos, rompe en llanto,
tributo al sabio numen rabadino».