   Aunque, en verdad, no me mandó Violante
durante un año hacer diario soneto,
metíme por antojo en ese aprieto,
que en más de un caso me pesó bastante.

   Cuando marzo acabó, dije: «¡Adelante!
pues ya el primer trimestre está completo»
y en julio respiré menos inquieto,
viéndome a la mitad semitriunfante.

   En octubre encontréme más seguro,
juzgando mi labor casi vencida,
y hoy, en diciembre, salgo de este apuro.

   Colmé de los sonetos la medida,
y aunque Violante se empeñara, juro
que no haré más sonetos en mi vida.