   «Dulce calma anunciaban los colores
del iris bello al campo, que asustado
estuvo en la tormenta de un nublado,
temiendo el fin de plantas y de flores.

   Alegres ya los tristes labradores,
volvían a tomar el corvo arado;
otra vez s escuchaban en el prado
los cantos de los tiernos ruiseñores.

   Salpicada de perlas, parecía
que el cielo con estrellas remedaba
la húmeda hierba que la luz hería.

   Todo vida y solaz y amor brindaba...
Mas ¿dónde vas, risueña fantasía?
¿No ves que es un soneto, y que se acaba?»