   Hoy con los ojos bajos, patria mía,
te presento mis tímidas canciones,
aunque llenas de blancas ilusiones,
ajenas de elegancia y poesía.

   Que no son de elevada fantasía
hermosas y brillantes creaciones,
son simples y apacibles impresiones
cantadas con selvática armonía.

   Y sólo la dulcísima confianza
de que eres para mí tan bondadosa,
aliento me infundiera y esperanza;

   que sólo tú me escucharás gustosa,
porque en el mundo la canción del pobre
es, como dicho está, perla de cobre.