   Convertido el bonete en leopoldina
y en guerrero uniforme la sotana
sobre una yegua torda o alazana
difícilmente al cura se adivina.

   Pronto con lo marcial se contamina
y es su conducta franca y campechana;
dice una misa al mes o a la semana,
y casi se le olvida la doctrina.

   Aunque tiene de cura algún resabio,
el porte airoso y bélico le abona
y es un buen vividor, si no es un sabio.

   Con un poco de pelo en la corona
y otro poco de pelo sobre el labio,
cualquiera le tomara por persona.