   De risible y grotesca catadura,
es sucio, chiquitín, rechoncho, feo;
torpe en la acción igual que en el deseo,
bajo de sentimiento y estatura.

   El en la mesa cifra su ventura
mucho más que en la misa, a lo que creo,
pues sólo consumar con fe lo veo
porque la hostia un pan se le figura.

   Es San Antonio Abad su único encanto
y ante él se pasa el día casi entero;
mas viéndole ante el Santo tanto y tanto,

   acaso piense mal, pues yo infiero
que lo hace, más que por rezar al Santo
por ver si le hinca el diente al compañero.