   Trata a la libertad con dura saña
y por echarse al campo tiene prisa,
pues jura que le carga decir misa
en no siendo la misa de campaña.

   Al pensar que otra vez afrente a España
guerra vil, no civil, que halla precisa,
a sus labios asoma una sonrisa
como sale de un antro una alimaña.

   Diera... lo que idolatra su dinero,
por convertir el cíngulo en canana
y el cáliz en trabuco naranjero,

   el altar en reducto o en trinchera,
y a su impúdica torpe barragana,
en graciosa y lasciva cantinera.