   Para que no sospechen que es un cura
con bisoñé se tapa la corona,
y anda siempre vestido de persona
buscando alguna erótica aventura.

   Con pérfido tesón y astucia impura
persigue a la mujer que le aficiona,
y su honrada intención, cual noble abona
con palabra sacrílega y perjura.

   ¡Pobre de la inocente que se fía
y no ve en su mirada lujuriosa
el intento dañado que le guía!

   Su perdición al cabo no es dudosa,
pues con él, aun la misma Letanía,
está expuesta a perder... cualquiera cosa.