   Habla de libertad y de progreso,
y es soldado, con fe falsa o sincera,
de esa tropa que lleva por bandera:
error, superstición y retroceso.

   Si todo cura me parece avieso
y su hipócrita farsa me exaspera,
el que la libertad así adultera
me resulta el más malo: lo confieso.

   Ser cura y liberal, ¡qué desatino!
es querer que el armiño viva en cieno,
que el mal y el bien confundan su destino.

   Es como echar veneno en vino bueno,
que en tósigo también convierte el vino
sin que él pueda dejar de ser veneno.