   Ladeado el bonete, así... a lo pillo,
y con su eterna sonrisita irónica,
más le gusta que hablar de una Verónica,
echar una verónica a un novillo.

   Escupe sin cesar por el colmillo
y guarda mal la castidad canónica,
porque, según la escandalosa crónica,
Lovelace a su lado fue un chiquillo.

   Lo mismo juega un duro a una judía,
que coge una cristiana, porque es listo,
o una turca, que nunca es de Turquía;

   pues la sangre de Cristo, por lo visto,
tanto le gusta ya, que mataría
de una sangría suelta a Jesucristo.