   Como el lírico audaz, gloria del Lacio,
o de los griegos campos florecientes,
eres tú, por tus cánticos valientes,
de tu nación el Píndaro y Horacio,

   mas, a la par, cual las del viudo Tracio,
se alzan tus notas tiernas y dolientes;
y las escuchan resonar las gentes
en pobre hogar no en fúlgido palacio;

   y diverso del vate de Venusa,
la santa Libertad, tienes por Musa;
por solo anhelo la apolínea rama;

   es tu Mecenas el Dolor adusto;
el Redentor de América, tu Augusto;
tu fuente de Tibur... ¡el Tequeindama!