   ¡Buzo inmortal del corazón humano!
Cuando en su oscuro fondo hundes la frente,
a tu mirada muéstrase patente
de su anchuroso abismo todo arcano:

   Al remontar el piélago, tu mano
la perla lleva de risueño oriente,
mas divisaste en la onda transparente
los horrendos colosos del océano...

   De tu Justina y Príncipe Constante
la virtud brilla como mal en guerra,
cual bajo el hierro el fúlgido diamante;

   y, víctima del monstruo de los celos,
mira en tus dramas, a la vez, la tierra,
grandes como el de Shéspir cinco OTELOS!