   ¡Del universo alado peregrino
águila audaz, tu portentoso vuelo
abraza la extensión de tierra y cielo,
y salva los linderos del destino:

   como la mente angélica de Aquino,
arrebatada de infinito anhelo,
más allá te hundes, del azul del cielo,
en la esencia del Ser Único y Trino...

   Mas, bajando, después, del firmamento,
con sosegados giros circulares
en tu vuelo recorres, vagabundo,

   los dilatados ámbitos del viento,
la ancha faz de la tierra y de los mares,
los tenebrosos senes del profundo!