   Desde las playas de la mar de Atlante
tendido, hasta el confín remoto hesperio,
y el Ártico y Antártico Hemisferio
abarcando con brazos de gigante;

   bajo sus pies el rayo fulminante
en las garras del ave del Imperio;
así el mundo, doblado al yugo ibero,
miró de España al Júpiter Tonante:

   Y, entre el asombro del linaje humano,
brotó en seguida -tras- congoja acerba,
tras dolorosa agitación confusa,

   del gran cerebro del coloso hispano,
armada y refulgente cual Minerva,
¡Oh, Calderón! ¡tu prodigiosa Musa!