   Sobre la frente el astro de la idea,
y en ambos hombros poderosas alas,
tal se mostraba, entre esplendentes galas,
del mundo ante la atónita asamblea;

   risueña como en triunfo Galatea,
o como Dione en las empíreas salas;
o bien lanzando, cual ceñuda Palas,
el grito de furor y de pelea...

   Y levantando hasta el cenit su vuelo,
-de la eterna creación sacerdotisa-
alzó su acento, que escuchaba el suelo.

   Por casi un siglo, en aptitud sumisa,
desde su himno infantil CARRO DEL CIELO,
¡hasta, el canto, del cisne, HADO Y DIVISA!