   Raudo y sonoro los espacios hiende
del ronco pito el imperioso acento,
y al chasquido del látigo sangriento
la humilde tribu su faena emprende.

   El húmedo bagazo se desprende
del conductor pautado al giro lento,
y el pobre siervo a su labor atento
por el ancho batey al sol lo extiende.

   Entre las férreas mazas comprimida
cruje la caña; la gigante torre
como humeante volcán se ostenta erguida,

   dulce guarapo en los canales corre,
y en su oleada de miel no logra al cabo
endulzar la amargura del esclavo.