   ¡Qué evocación tu vista nos despierta
en muros, tallas, mármoles y herrajes!
Ciudad, no es necesario que trabajes:
tu gloria es perdurar viviendo muerta.

   Una épica jornada en cada puerta,
por donde entraron pueblos y linajes;
cien leyendas en templos y almenajes,
y hasta en el polvo una lección abierta.

   El alma busca el gótico postigo
por el que se asomara Don Rodrigo
tras de la Cava, incitadora y linda,

   y el baño de ladrillos encarnados,
que aun parecen estar empurpurados
con las vírgenes rosas de Florinda.