   Museo de Marte, en tu recinto guardas
la historia en hierro de nación violenta,
cuyas hazañas más famosas cuenta
en morteros, mosquetes y alabardas.

   Hoja y cañón de alfanjes y espingardas,
el orín otra vez los ensangrienta,
y tu amplio muro, envanecido, ostenta
ricas presas de flámulas gallardas.

   Y en tus combas y férreas armaduras,
en que el metal conserva el ceño fiero,
aun se sienten latir, torvas y duras,

   como de un pueblo el hálito inextinto,
bajo la escama rígida de acero,
las almas de Felipe y Carlos Quinto.