   Ita y Urbina, en sus crónicas de las edades guerreras
que guardan en pergamino los más ilustres blasones,
citan el de mi linaje entre aquellos infantones
que en Cerdeña conquistaron prez en armas y galeras.

   Monarcas diéronle honores y escudo; dobles calderas
montadas en campo verde, orla de plata, pendones,
hojas de higuera en el cerco y matizados airones
como crestas orgullosas de metálicas cimeras.

   Tales honores y escudo de mi remoto abolengo
que ni pregono, ni luzco ni los valgo, mas los tengo,
Leyes de la Democracia y la Vida han de cumplirse,

   y ellas estirpes nivelan en un blasón, el gusano.
Todos, razas de gusanos, mas debe mejor sentirse
el que nace de la flor quien el que nace del pantano.