   Desciende de la excelsa cordillera
al valle profundísimo el camino,
trozando bosques de laurel y pino
que revisten sus cumbres y ladera.

   Baña de luces la inflamada esfera
el uno y otro monte convecino,
y el arroyo que baja cristalino
y el pintoresco pueblo y la pradera.

   Y prosigue la senda dilatada
entre las aguas y la arboleda umbría
que llenan de frescura la cañada;

   y al fin de la calzada y la alquería
descúbrese la villa celebrada,
mansión feliz de la adorada mía.