   Crecida, hinchada, turbia, la corriente
trocos y peñas con furor arrumba,
y bate los cimientos y trastumba
la falda, al monte de enriscada frente.

   A mayores abismos impaciente
el raudal espumoso se derrumba:
la tierra gime, el eco que retumba
se extiende por los campos lentamente.

   Apoyado en un pino el viejo río,
alzando entrambas sienes, coronadas,
de ruda encina y arrayán bravío,

   entre el iris y nieblas levantadas,
ansioso por llegar al mar umbrío,
a loas ondas increpa amotinadas.