   Sobre el coro de estrellas que fulgura
do el Centauro del Sur gira despacio,
sale el Austro feroz de su palacio,
numen terrible de venganza dura.

   Blondo el cabello, armada la cintura,
sus ojos como llamas de topacio,
volando, dejan ver en el espacio
los pliegues de su roja vestidura.

   Abre a un punto las puertas a los vientos,
arrebata las plantas y las flores,
amenaza turbar los elementos;

   y doblando sus iras y furores,
esparce en remolinos turbulentos
aridez, sequedad,, polvo y ardores.