   Del Orizaba fértil a la espalda,
que erizada de cedros se defiende
de los rayos del sol, la vía se extiende
de una a la otra ciudad, sobre la falda.

   El naranjo sus ramas de esmeralda,
y el plátano vivaz sus hojas tiende
aquí y allí. De trecho en trecho pende
la hiedra, que hace al valladar guirnalda.

   Por ingenios de caña y cafetales,
ya mansos, ya turgentes, van los ríos,
que más allá despeñan sus raudales;

   y cabañas, ganados, laboríos,
pueblos, valles y alturas desiguales
encantan por doquier los ojos míos.