   De ti, oh Gaspar, la muerte no ha triunfado:
polvo en tu tumba y corrupción no advierto:
miro tan sólo tu cadáver yerto
por fragantes aromas perfumado.

   El luto en resplandores se ha trocado,
y a la esperanza el corazón se ha abierto,
porque ante ti la fe le ha descubierto
su porvenir de gloria asegurado.

   Como sopló en la Cruz aura de vida,
que arrebató a la muerte su victoria;
tal veo en tu sepulcro convertida

   la sombra funeral en luz de gloria,
y viene aquí la humanidad rendida
a bendecir tu nombre y tu memoria.