   Huyó del cieno de la tierra impura,
buscando ansioso el celestial camino;
y en alas siempre de amor divino,
supo elevarse a inmensurable altura.

   Domó su carne en penitencia dura,
mostrando al alma su inmortal destino;
y el pobre claustro, do a esconderse vino,
fue el rico manantial de su ventura.

   Con su gloria Valencia se ennoblece;
la humanidad le admira como hombre;
con prodigios el cielo le enaltece;

   su grandeza pregona el cristianismo;
que si Gaspar fue Mínimo en el nombre,
Máximo fue en virtud y en heroísmo.