   El tic-tac de la lluvia sobre el techo
me recuerda tu rostro junto al mar;
los latidos que saltan en mi pecho
se suman a la lluvia y su cantar.

   Quiero que estés aquí, dentro del lecho,
quiero la fiesta de tu acariciar;
no me bastan los versos que te he hecho,
quiero tu cuerpo ingrávido y lunar.

   No poderte tocar me vuelve inquieto,
sediento de tus hambres de mujer;
quiero que vengas ya con tu amuleto,

   el que hace al mundo desaparecer.
¡Mientras tanto te escribo este soneto,
antes de juntos sucumbir y arder!