   Son Hidalgo y Morelos como el gran Don Quijote
constante enamorado de sin par Dulcinea;
son firmes paladines de una sublime idea;
llevan en sus escudos el más altivo mote.

   Tienen sangre impetuosa; son un soberbio brote
de la estirpe de libres, de la noble ralea
que acción y ensueño juntan; de los que en la pelea
mueren mas no hay empuje que si ideal derrote.

   Casta de los que dejan a su paso una llama
que prende inextinguible y a su paso derrama
devorador incendio sobre la tierra impura.

   Quien caer los contempla, los ojos a los cielos
levanta en el instante. Son Hidalgo y Morelos
eterna para el alma, una visión de altura.