   Cuando entre nubes de carmín y rosa
oculta el sol su ardiente cabellera,
y el claro arroyo en la feraz pradera
clamar parece por la luz hermosa;

   cuando la voz del ave melodiosa
se escucha entre las ramas lastimera,
y la radiante, abovedada esfera
entre sombras y luz se halla dudosa,

   todo es tristeza y pavorosa calma;
suspira el limpio arroyo, el ave llora,
y dulcemente agítase la palma:

   Y entonces el triste que el amor devora
exhala un ¡ay! fatídico del alma
y sólo piensa en la mujer que adora.