   Vi elevarse un altar a la virtud
y el crimen castigado por doquier;
vi ¡oh prodigio! constancia en la mujer
y ciencia en la indolente juventud.

   Honrada contemplé la senectud
y en manos de los buenos el poder,
triunfante la justicia, y el deber
levantado a magnífica latitud.

   Arca abierta miré en la caridad
y proscrita la infamia de Caín;
fe en el amor, confianza en la amistad,

   patriotismo en la gente más ruin...
Pero ¿en dónde vio usted tanto primor?
En sueños, queridísimo lector.