   ¡Pobre Pallas! la ignara muchedumbre
que vio en ti descompuesta levadura,
testigo de tu muerte ser procura,
yo no sé si por vicio o por costumbre.

   Que pisabas del Gólgota la cumbre,
has crecido en tu orgullo sin mesura,
quizá que temblaría la natura
y apagaría el sol su viva lumbre.

   ¡Pobre Pallas! cuando la justa mano
te infligió duro y ejemplar castigo,
sólo mostraste con delirio insano

   que no pudo en tu pecho hallar abrigo
ni el amor del hermano hacia el hermano,
ni el hermoso perdón al enemigo.