   Más que la mesa de manjares llena
y el vino de los odres derramado,
placen a todo espíritu elevado
el goce honesto y la palabra amena.

   De la razón que el apetito enfrena
se burlan el demente y el malvado;
sólo vive feliz y muere honrado
quien en la suya manda y en la ajena.

   Nada hay que el mar en su fiereza imite;
cuando sus olas irritado lanza
mas parece Medusa que Anfitrite;

   pero le ponen dique y ya no avanza.
¿Cuál será el hombre que su mal no evite
si es dique de la gula la templanza?