   De rojo y amarillo está partida;
dice el rojo del pueblo la fiereza;
el amarillo copia la riqueza
con que su fértil suelo nos convida.

   Plegada alguna vez, jamás rendida,
ningún borrón consiente su pureza
y aun al mirarla doblan la cabeza
los que a su sombra fiel hallan cabida.

   Si hoy, como en otra edad, el mundo entero
leyes no dicta desde polo a polo
ni el sol la manda su fulgor primero,

   cuando con vil traición a torpe dolo
pisarla intente audaz el extranjero,
¡Teñida la veréis de un color solo!